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Prevenir, es decir, anticipar medidas antes de que ocurran accidentes o enfermedades en el trabajo es una de las medidas estratégicas más importantes en un negocio pero que, por tiempo, recursos e incluso por decidía no se lleva a cabo.

La prevención es una cultura, requiere convencimiento de las personas que dirigen el negocio ya que esto ayudará a trasmitir a los empleados su importancia. Desde el punto de vista económico, al inicio de cualquier acción de prevención se requiere una inversión de recursos, pero también, al momento en que ocurre un accidente, el negocio está ahorrando. Se deben visualizar los posibles riesgos en un trabajo además de seguir ciertos protocolos para evitar daños mayores en un futuro. No se trata de ser fatalista, sin embargo, quien previene tiene mayores elementos de levantarse ante una situación adversa ya sea con la compra de un seguro, con empleados asegurados, instalaciones seguras y adecuadas, entre otros. No obstante, en el día a día existen enemigos de la prevención ¿Cómo evitarlos o enfrentarlos?

La cultura del “no pasa nada”

Suele ser la más común, pero es la más costosa. Se asume una posición poco responsable alejada de aquello que la Ley Federal del Trabajo promueve. Evita pensar esto y analiza en qué áreas del negocio los riesgos serían más costosos.

Desarrollar políticas y protocolos de prevención que sólo están en el papel.

Busca que las personas vivan la cultura de la prevención, que se apropien de ella. Se tu el ejemplo.

Tener personal no asegurado colaborando en la empresa

Aunque implica una inversión, es un aspecto clave sobre todo si las tareas que realiza ponen en riesgo su seguridad.

Dejar de hacer las adaptaciones a las que obliga la ley por ahorrar en gastos asociados

Puedes realizar los cambios poco a poco, seleccionando aquellos que sean estratégicos para tu negocio, por ejemplo, salidas de emergencia, equipo de seguridad, extintores etc.

Priorizar los resultados de la actividad empresarial antes que la seguridad y la salud

Nada es más importante que tu vida y la de tus empleados. Considera que tienes la responsabilidad como empleador de dar las mejores condiciones.

No olvides que como decía un filósofo británico, Allan Watts: “Para comprender la seguridad no hay que enfrentarse a ella, sino incorporarla a uno mismo”.